La brújula del vientre

la brújula del vientre 1 ©annikagemlau

Text auf Deutsch

„A veces el verdadero útero es la imaginación.
Un sueño nace y cambia el universo“

– por Dominge Acosta Felipe del poemario Islas

 

„No estás obligada a tener hijos
sólo porque tu cuerpo tenga la capacidad de hacerlo.
Eres mucho, mucho, mucho más que una madre,
también das a luz océanos
cada día“.

– por Amanda Lovelace del poemario Aquí la princesa se salva sola

 

Empezamos a respirar, a conectarnos con el mundo a través del obligo.
La cuerda umbilical ha sido nuestra antena y la primera conexión con todo lo que nos rodea. El útero de nuestras madres era nuestro primer círculo cerrado en esta vida. Y a la vez fue nuestra fuente principal de todo lo que necesitábamos ingerir. Los sentidos anidados en el ombligo fueron anteriores a todos los sentidos de los que ahora dependemos: el tacto, el oído, el gusto, el olfato y la vista. A pesar del tacto, ellos residen en nuestras cabezas y es ahí donde concentran sus informaciones.

¿Pero cuántas veces fallan nuestros cinco sentidos ante una realidad compleja?

¿Cuántas veces no conseguimos ver más allá de las superficies ilusóricas. No oímos ni escuchamos entre tanto ruido y tantas voces angustiadas o agresivas fuera y dentro de nosotrxs. ¿Cómo usar el gusto y el olfato sin que nos engañe nuestra voracidad? Ni hablar de nuestro tacto, tan mal alimentado y irritado por ignorar su necesidad de rozarse con otras vidas. Nuestra cabeza por donde entran las informaciones tiene que volver a ponerse en contacto con el resto de nuestro cuerpo, ante todo con el vientre.

¿Cómo podemos estar capaces de detectar las huellas y encontrar los signos secretos que nos guíen por nuestro verdadero camino? Un camino en el que no nos sentimos todo el rato en el lugar equivocado. Un camino digno de andar porque nos lleva a nuestro hogar interior.

Para cambiar de perspectiva y encontrar nuestro rumbo quizás hay que volver a lo que nos queda de aquel cable todopoderoso de cuando yacíamos en aquel pequeño universo cálido. Quizás tenemos que volver a aquella cicatriz que centra nuestros vientres para continuar el círculo de nuestra vida. Para completar nuestro universo propio no necesitamos otra cosa que la voluntad de querer explorarnos hacia dentro, para dejar de depender de la ilusión de una plenitud perdida, la que sacrificamos al nacer, una que dependería por completo de otro ser.

¿Si nunca se ha roto esta plenitud circular? ¿Si sólo nos hemos olvidado?

El círculo ahora se cierra dentro de nosotrxs.

Ahí en este ombligo se encuentra la huella de la vida de tu madre y también, más sútilmente, la de tu padre. Ahí descansa y goza tu yo, capaz de ser niñx y adultx, ser la madre y el padre que hubieses necesitado tener, ser el o la mejor amante que jamás has tenido. Y desde este puerto también salen tus regalos homenaje a la vida, pasan después por tu pecho donde se envuelven en cariño, entregados por tus manos o tus labios.

Nuestro vientre alberga órganos, funciones y capacidades múltiples, tan diferentes según nuestro sexo, nuestra edad, alimentación, salud y nuestra disposición psíquica y emocional. ¿Tan diferente?
Quizás no tanto si volvemos a verlo ante todo como nuestra brújula primordial, nuestra fuente de informaciones y añoranzas.

Y no se trata del género. Sino de una añoranza compartida:

Queremos dar luz.

Todxs estamos ansiosxs deseando desesperadamente de crear ese algo desde las entrañas que nos perdure, que nos parezca y nos supere.

Por supuesto, en algunos de nuestros vientres nacen y crecen criaturas de células y sangre. Pero nunca debemos caer en la trampa de reducir la vida y las capacidades de nuestros vientres tan sólo en sus órganos. También existen enésimos embarazos más allá de lo biológico que apenas hacen inflar los vientres de lxs embarazadxs. Embarazos de niñxs perdidxs – y no sólo hablo de la muerte que llegue precipitada al nacimiento. También hablo de los embarazos y cuerdas umbilicales que se van tejiendo porque unas almas se volvieron a reconocer.

Estos lazos familiares no son menos intensos y verdaderos que aquellos biológicos. Pero al ser más invisible y carente de términos que encajan a este tipo de relación se le niega cualquier aprecio social. Y lo que en la sociedad no tiene nombre no existe para lxs que se olvidaron de su ombligo.

Es justo este proceso de tachar de inexistente todo lo que nos salga del útero emocional lo que crea infinitos calambres y dolores abdominales anclados al silencio de lo impronunciable e invisible.

menstrutzazioni ©annikagemlau – Zur Regulierung des weiblichen Zyklus‘ und Linderung von Regelschmerzen

Nuestro centro de resistencia en contra de la condena al silencio se encuentra justo en el ombligo. Y por debajo.

Demos vida a ideas, proyectos, deseos, bendiciones y conjuros, imágenes, figuras, fisuras y seres. A las emociones que no se permiten pronunciar. A lo que perdimos y ni nosotrxs mismxs conseguimos perdonarnos por haberlo soltado. Sembremos las lágrimas sin consuelo y cuidemos las plantas que salgan. Encontremos las mariposas atropelladas y acompañémoslas hasta que se deshagan de su cuerpo. Démosles un nombre. Sáquemoslas del asfalto y miremos juntxs como el sol se despide de las cumbres ardiendo.

Cada mes, cada día alberga óceanos de embarazos¹.

El mayor engaño del embarazo es la posesión. Jamás te pertenecerá este tesoro que saldrá de tu vientre para alabar a tu ego, tenga la forma que tenga. Este regalo es un regalo del universo al mundo para que éste vaya aprendiendo, creciendo y curándose un poco más. Tú eres el canal por el que este regalo llegue a la tierra, besadx por el universo y benditx con esta tarea.

¿Qué podemos hacer entonces para reconectar con nuestra fuente de intuiciones, deseos y de creaciones?

Llorar. Regar.

La Llorona ©annikagemlau, „Ayer maravilla fui y ahora ni sombras soy“ canción méjicana cantada por Chavela Vargas, Joan Baez y muchas otras artistas.

Y no sólo por las vidas perdidas sino también por sueños, ideas y proyectos abortados. Los que murieron antes de nacer y florecer. Llorarlos y conmemorarlos para no andar malditamente rebuscando entre aguas turbias como lo hace La Llorona en el recuento de Clarissa Pinkola Estés en Mujeres que corren con los lobos.

Ponte varias veces al día las manos a descansar en la parte baja del vientre. Visualiza un círculo caluroso, de colores rojos, naranjos y amarillos, que gira sin cesar. Siente el calor y el amor, la pasión a la vida que desprende. Absorba la puesta del sol afuera y sin filtros (como ventanas por ejemplo). Deja que los colores del cielo limpien tus chakras bajas antes de que el día se despide. Concentra ahí todo tu cariño y la confianza en que lo que ahí se mueve, se siente, se desee, nace … esté completo, perfecto y tiene su absoluto derecho de existir. El fin de tu añoranza es sólo un reflejo de lo que está en ti.

Ponle preguntas a los puntos cardinales de tu brújula interior y deja la aguja girar. Tus añoranzas más intrínsicas te indicarán el rumbo cuando te sientas perdidx:

¿Qué es lo que necesitas curar en tu vida?
¿Qué es lo que quieres soltar ya de una vez?
¿Qué es lo que quieres invitar a tu vida para orfrecerle un lugar continuo?
¿Qué es lo que requiere más aceptación y amor?
¿Qué es lo más precioso que puedes aportar al embellecimiento del mundo?

… son sólo unos impulsos.

EMBARAZO DEL MAR
postcard 10 x 10 cm
©annikagemlau2015

„sea pregnant“ / „meeresschwanger“ / „grossesse de la mer“

Con tu propia voluntad puedes curar todo lo que quiera ser curado.
Dales la bienvenida a todas las creaciones en germen. Algunas pocas crecerán y se multiplicarán. Amalas a todas, siempre con el aprecio de las que murieron antes para ayudar esencialmente a que sigamos creciendo.

En la fantasía nos espera hogar y curación.

Vuela con tus sueños.

Sé tú la magia que puede hechizar este mundo.

Con mucho cariño
Annika


¹ Metáfora inspirada por un poema de Amanda Lovelace en Aquí la princesa se salva sola (2019) en la que también se refleja mi imagen del 2014 Embarazo del Mar:

„No estás obligada a tener hijos
sólo porque tu cuerpo tenga la capacidad de hacerlo.
Eres mucho, mucho, mucho más que una madre, también das a luz océanos
cada día“.

² Pinkola Estés, Clarissa: Die Wolfsfrau. Die Kraft der weiblichen Urinstinkte, München: Wilhelm Heyne 1993: 361-396.

³ Virtue, Doreen: Medizin der Engel, Berlin: Ullstein 2005: 72f.